
En el siglo IX, se
redactó su martirio, sobre el cual se hicieron varias versiones, muchas de
ellas se cree que se influenciaron por la vida de otros santos como Santa Bárbara.
Era hija de un rico magistrado llamado Urbano y se convirtió al cristianismo;
regalaba ídolos y bienes de su padre a los pobres y este llegó a torturarla
clavándole ganchos de hierro, metiéndola en un horno, o en un pozo con sierpes,
o lanzándola a un río atada a una roca, sin embargo Dios hizo que resistiera y
no murió hasta la octava tortura; muerto su padre, Dión, su sucesor, la mató
con lanzas.
Se conservan
sus reliquas en la catedral de Palermo.
Altar de Santa Cristina, en la Basílica de Bolsena
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