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sábado, 19 de diciembre de 2020

Es momento de estar en silencio

Es momento de estar en silencio, como María, esperando el anuncio, escuchando y aceptando las palabras del Ángel –el mensajero de Dios–, que trae la mejor noticia que jamás el hombre pudo imaginar. Es momento de aceptar la Noche Buena con oídos y corazón atento a lo que Jesús nos quiere manifestar en estos días.


domingo, 29 de noviembre de 2020

Bendición de la Corona de Adviento

Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad.


Oremos.

La tierra, Señor, se alegra en estos días, 

y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, 

que se avecina como luz esplendorosa, 

para iluminar a los que yacemos en las tinieblas 

de la ignorancia, del dolor y del pecado. 

Lleno de esperanza en su venida, 

tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque 

y la ha adornado con luces. 

Ahora, pues, que vamos a empezar 

el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, 

te pedimos, Señor, 

que, mientras se acrecienta cada día 

el esplendor de esta corona, con nuevas luces, 

a nosotros nos ilumines 

con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, 

iluminará todas las oscuridades. 

Él que vive y reina por los siglos de los siglos.



R/.   Amén.

lunes, 10 de diciembre de 2018

La llamada de Adviento

Que en este tiempo de Adviento preparemos nuestro corazón como Dios se merece... Esperemos activamente al Rey de Reyes en esta Navidad!
 

martes, 4 de diciembre de 2018

Iniciamos el Adviento...


Nunca eres tan pobre que no tengas algo que compartir y nunca eres tan rico que no necesites de nadie, recuerda que “hay más alegría en dar que en recibir”.

Iniciamos el Adviento que es tiempo para preparar la encarnación del Señor y Dios se encarna en los más necesitados, “Lo que hiciste con uno de estos pequeños lo hiciste conmigo”, la Navidad es tiempo de caridad, y tú ¿qué vas a compartir en esta Navidad? 

lunes, 3 de diciembre de 2018

Para reflexionar en este tiempo de Adviento...

El hombre es proyecto de algo... y Jesús es la plena realización de ese proyecto.

Un niño vuelve a nacer, y, en cada Navidad, lo contemplo allí, en el pesebre, envuelto en pañales y me pregunto cuántas cosas están en pañales en nuestra sociedad, en la comunidad, en la familia...

Quiera Dios que, lo mismo que ese Jesús niño creció dejando los pañales atrás y convirtiéndose en el hombre nuevo que nos redimió, cada uno de nosotros sepa y pueda crecer haciendo realidad los proyectos de un mundo mejor. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

13 cantos de Adviento que todo coro parroquial debería conocer

Falta poco para Adviento y los coros parroquiales ya hacen su lista de cantos que nos prepararán para este tiempo litúrgico que precede a la Navidad. Si participas en algún coro parroquial o tienes algún amigo que sí lo hace, puedes echarle un ojo a esta lista de cantos 100% recomendados para Adviento. ¡Llega uno de los tiempos litúrgicos más bonitos del año!


2) Preparad los Caminos – F. Palazón


4) Cielos lloved – Lucien Deiss


6) Maranatha – Lucien Deiss


8) Jesucristo, palabra del Padre – Antonio Alcalde


10) Ven, Señor, a nuestra vida – Antonio -Alcalde

11) La Corona de Adviento – Antonio Alcalde


jueves, 14 de diciembre de 2017

Vivir el Adviento de la mano de María

HM Televisión presenta un video reflexivo sobre el Adviento especialmente ligado a María con las meditaciones de Abelardo de Armas. “El Adviento es un periodo de la liturgia, un tiempo especialmente bello, pues es expresión de lo que es la vida. Si nuestra vida diaria fuese un Adviento, cada comunión sería una Navidad”.

Fichas para trabajar el Adviento con los más pequeños (III)






miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cómo orar en Adviento esperando la Navidad

En Adviento y Navidad contemplamos el rostro de Dios que por amor se acercó a nosotros y vive en medio de nosotros

“Dios puso su morada entre los hombres” (Ez 37,27) “por el gran amor con que nos ha amado.” (Ef 2,4) Pero ¿es acogido? “Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron” (Jn 1,11) ¿Habrá posada para el Verbo encarnado en nuestros días? Eso se juega en la libertad de cada uno.

Quisiera sugerir algunas pautas para orar en Adviento:

1. Contemplar el misterio de la encarnación:

La encarnación del Verbo es la entrada de la presencia de Dios en el mundo y en la historia. El mundo de la carne busca a su Creador. El mundo de la Gracia busca al hombre. El Verbo encarnado es el lugar de encuentro de las dos búsquedas. La divinidad habita corporalmente en Jesús de Nazaret y así encuentra descanso la doble búsqueda.

“Se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a un hombre.” (Flp 2,7) Nuestra fe se pone a prueba: “esto no puede ser”, el Trascendente no puede ser tan cercano, no puede ser que se vuelva tangible, de carne y hueso, un bebé indefenso; es demasiado que Dios llegue al extremo de hacerse siervo. Tenemos aquí la prueba más convincente del gran amor con que Dios nos ama, de su incomprensible predilección por el hombre. Dios prueba su amor, el hombre debe probar su fe.

En Adviento y Navidad contemplamos el rostro de Dios que por amor se acercó a nosotros y vive en medio de nosotros. Más cercano está de quien más se acerque a contemplarle. Estar allí contemplándolo con mucho amor es acercarse; eso es lo que obra el amor: una creciente cercanía.

2. Dar posada al Redentor que ha venido, pero aún debe ser acogido:

La Redención la ha realizado Cristo con su encarnación, muerte y resurrección, pero aún debe verificarse en cada uno y eso depende de la acogida personal. Dios nunca se impone al hombre, siempre pregunta. Dios es mendigo de la acogida por parte del hombre; se toma muy en serio su libertad. La respeta hasta el grado de verse humillado. Con paciencia, nuestro Dios sigue tocando la puerta.

La plenitud de los tiempos ya ha llegado con la venida de Cristo, pero no se ha cumplido del todo: se realiza o no en cada persona, que libremente lo acepta o lo rechaza. Lo acepta cuando permite que el amor de Dios le impregne del todo, cuando su persona se cubre con la sombra luminosa del Espíritu Santo y Él obra su transformación en Cristo, a través de una sinergia de donaciones repitiendo la historia de la Madre de Dios.

El Redentor es acogido cuando cada uno vive una vida cristiana, una vida en Cristo, no una doble vida, donde aún se reserva algo para sí, sin tomar completamente en serio la búsqueda de la santidad. “Cuando venga Él, el Espíritu de la Verdad, los guiará hacia la verdad completa (Jn 16,13) La radicalidad de la irrupción de Dios en la historia por la encarnación del Verbo es la que Jesucristo pide hoy de cada uno de sus hijos por la aceptación libre e incondicional del Espíritu Santo, la ley del amor, en la propia vida.

En ese sentido, Adviento es tiempo de conversión, por eso el ornamento morado en la misa: “El Padre celestial, que en el nacimiento de su Hijo unigénito nos manifestó su amor misericordioso, nos llama a seguir sus pasos convirtiendo, como él, nuestra existencia en un don de amor. Y los frutos del amor son los «frutos dignos de conversión» a los que hacía referencia san Juan Bautista cuando, con palabras tajantes, se dirigía a los fariseos y a los saduceos que acudían entre la multitud a su bautismo.” (Benedicto XVI, 9 de diciembre de 2007)

3. Adorarlo con corazón de pastor y de ángel:

“Si no te haces como niños, no entrarás en el Reino de los cielos” (Mateo 18,3) Para entrar a la cueva de Belén hay que hacerse pequeño, como niño. Los pastores y los ángeles tienen corazón de niño. El niño tiene una mirada pura, se maravilla de todo, todo lo disfruta, es capaz de dar amor y de recibir amor con humildad y corazón de pobre.

Los pastores y los ángeles se dieron el tiempo para centrarse en lo esencial: la contemplación del hijo de Dios que habita en medio de nosotros. Los pastores dejaron sus ganados, los ángeles dejaron el cielo; todos se juntaron para adorar a Dios en los brazos de María.

Adviento y Navidad deben ser tiempos de más calma para pasar más tiempo junto a Cristo Eucaristía. Sí, hay que tener el valor de romper esquemas y centrarse en lo esencial. Que esta Navidad, Cristo sea el mejor atendido y el más amado.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Diez puntos que nos pueden ayudar a vivir mejor el adviento

1.- El Adviento es, en primer término, tiempo de preparación a la Navidad, donde se recuerda a los hombres la primera venida del Hijo de Dios.

 2.- Es asimismo tiempo en el que se dirigen las mentes, mediante este recuerdo y esta espera, a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos.

 3.- Por ello, el Adviento tiene una triple dimensión: histórica, en recuerdo, celebración y actualización del nacimiento de Jesucristo en la historia; presente, en la medida en que Jesús sigue naciendo en medio de nuestro mundo y a través de la liturgia celebramos, de nuevo, su nacimiento; y escatológica, en preparación y en espera de la segunda y definitiva venida del Señor.

4.- El Adviento es tiempo, no tanto de penitencia como la cuaresma, sino de esperanza gozosa y espiritual, de gozo, de espera gozosa. Toda la liturgia de este tiempo persigue la finalidad concreta de despertar en nosotros sentimientos de esperanza, de espera gozosa y anhelante.

5.- El Adviento es un tiempo atractivo, cargado de contenido, evocador, válido… Vivir el Adviento cristiano es revivir poco a poco aquella gran esperanza de los grandes pobres de Israel desde Abraham a Isabel, desde Moisés a Juan el Bautista… Vivir el Adviento es ir adiestrando el corazón para las sucesivas sementeras de Dios que preparan la gran venida de la recolección… La vida es siempre Adviento o hemos perdido la capacidad de que algo nos sorprenda grata y definitivamente.

6.- Durante este tiempo del Adviento se han de intensificar actitudes fundamentales de la vida cristiana como la espera atenta, la vigilancia constante, la fidelidad obsequiosa en el trabajo, la sensibilidad precisa para descubrir y discernir los signos de los tiempos, como manifestaciones del Dios Salvador, que está viniendo con gloria.

7.- A lo largo de las cuatro semanas del Adviento debemos esforzarnos por descubrir y desear eficazmente las promesas mesiánicas: la paz, la justicia, la relación fraternal, el compromiso en pro del nacimiento de un nuevo mundo desde la raíz.

8.- El Adviento nos dice que la perspectiva de la vida humana está de cara al futuro, con la esperanza puesta en la garantía del Dios de las promesas.

9.- Adviento es el camino hacia la luz. El camino del creyente y del pueblo que caminaban entre tinieblas y encuentran la gran luz en la explosión de la luz del alumbramiento de Jesucristo, luz de los pueblos.

10.- La esperanza es la virtud del adviento. Y la esperanza es el arte de caminar gritando nuestros deseos: ¡Ven, Señor Jesús!

domingo, 10 de diciembre de 2017

¿Qué es el Adviento? (3)

3. Hay muchas maneras prácticas de entrar en el Adviento.

Los tiempos litúrgicos no existen sólo para la misa de los domingos, sino también para nuestro beneficio espiritual diario. A continuación, podemos leer un conjunto de cosas que podemos hacer para entrar en este espíritu del Adviento, un espíritu de expectación, vigilancia, arrepentimiento y alegría.

– Reza:

“Rezar el Rosario todos los días centrándonos en los Misterios Gozosos”

– Ayuna:

o “hacer un programa de ayuno para Adviento y ser moderado con la comida y la bebida en las fiestas de Navidad”
o “ver menos la televisión durante este tiempo o, por lo menos, ver la televisión en Navidad con la familia o los amigos”
o “bajar el ritmo de compras”.

– Dónate:

o “recupera las obras corporales y espirituales de misericordia y realízalas una a una cada semana hasta que llegue la Navidad. Hay mucha gente herida que necesita sentir y recibir nuestro amor”.
o “háblales del sacramento de la Penitencia a tus amigos y familia y llévalos a un buen sacerdote para que se puedan confesar. ¿Cómo puede superar a eso un simple regalo de Navidad?”

– Actúa:

o “no tires el árbol de Navidad o quites el Belén justo después del 25 de diciembre, el tiempo de Navidad no ha hecho más que empezar”
o “cumple los propósitos de Año Nuevo”.

Estas sugerencias son sólo unas pocas de las muchas maneras que podemos seguir para entrar en este tiempo de Adviento. La Iglesia nos ofrece este momento de espera para que nos podamos preparar más plenamente para la alegría y la gracia que recibimos en Navidad.

sábado, 9 de diciembre de 2017

¿Qué es el Adviento? (2)

2. El Adviento es también un tiempo de preparación para la segunda venida de Cristo.

Como católicos, creemos que Cristo vendrá de nuevo al final de los tiempos y así lo profesamos en el Credo cada domingo: “Y vendrá otra vez con gloria a juzgar a vivos y muertos; Y su reino no tendrá fin” (Credo Niceno). Durante el Adviento nos preparamos para la venida de Cristo en Navidad, pero también recordamos que Cristo prometió volver. El Catecismo nos dice: “Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al deseo de éste: "Es preciso que él crezca y yo disminuya" (Jn 3, 30).” (Catecismo 524).

El Adviento es un tiempo de espera para la segunda venida, así como un reconocimiento de que seremos juzgados por Cristo por nuestras acciones y decisiones. Por esta razón el Adviento es un tiempo de arrepentimiento; esperamos con alegría la venida de Cristo, pero también buscamos el perdón por nuestros pecados para poder estar preparados. El Evangelio de Marcos proclama: “Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.” (Mc 13, 35-36).

Durante un Ángelus, el Papa Benedecito XVI enseñó sobre esta llamada a la vigilancia: “¡Vigilad! Esta es la llamada de Jesús en el Evangelio de hoy. No se dirige sólo a sus discípulos sino a todos. ¡Vigilad! (Mc 13, 37). Es una exhortación saludable que nos recuerda que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que está proyectada hacia un «más allá», como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotada de libertad y responsabilidad, por lo que cada uno de nosotros será llamado a rendir cuentas de cómo ha vivido, de cómo ha utilizado sus propias capacidades: si las ha conservado para sí o las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.” (Papa Benedicto, Mensaje del Angelus, 27 de noviembre de 2011).

viernes, 8 de diciembre de 2017

¿Qué es el Adviento? (I)

¿Qué significa Adviento? Este tiempo, ¿es sólo una cuenta atrás? ¿Cómo se puede aprovechar para vivir mejor la Navidad y, más allá, para preparar la llegada de Cristo?

1. El Adviento, con el que empieza el año litúrgico, es el periodo de tiempo comprendido entre el cuarto domingo antes de Navidad y el día de Nochebuena. Sus colores litúrgicos son el morado y el rosa.

En el calendario litúrgico de la Iglesia católica, el primer día del año no es el 1 de enero, sino el primer domingo de Adviento. El Adviento es el primer tiempo litúrgico del año que comienza cuatro domingos antes de Navidad y termina en Nochebuena. Según el día de la semana en que cae el día de Navidad, el tiempo de Adviento puede modificarse ligeramente.

El morado y el rosa son los dos colores litúrgicos designados para representar el tiempo de Adviento. Aparecen en las vestiduras de los sacerdotes, en los velos del tabernáculo, en la parte frontal del altar y en la corona de Adviento. El morado se usa como símbolo de penitencia y preparación, pero el tercer domingo de Adviento, conocido como "Domingo Gaudete", se usa el rosa, que representa la alegría por la venida de Jesús.

El día en que Cristo se hizo hombre para redimir al mundo fue preparado por Dios durante siglos. La Iglesia participa y actualiza esta larga preparación en este tiempo específico de preparación a la Navidad.

La Navidad –el día en el que Cristo se encarnó para la redención del mundo- es el día en el que cambió el curso de la historia de la salvación. Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, explica el significado de la Encarnación de esta manera: “Es evidente que el Hijo de Dios tomó nuestra condición y vino a nosotros no por un motivo insignificante sino por nuestro bien. Él se vinculó a nosotros, por decirlo de esta manera, tomando un cuerpo y un alma humana y naciendo de una Virgen, para poder darnos su Divinidad. De esta manera, Él se hizo  Hombre para que el hombre se haga Dios” (Santo Tomás de Aquino, Las tres grandes oraciones, comentarios sobre la oración del Señor, el Ave María y el Credo de los Apóstoles).

En el Catecismo podemos leer: “La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y símbolos de la "Primera Alianza"(Hb9,15), todo lo hace converger hacia Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en Israel” (Catecismo 522). En el Antiguo Testamento aparecen varias proclamaciones de este tipo: “Espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: él redimirá a Israel de todos sus pecados.” (Sal 130, 7-8).

Este tiempo de espera y de preparación no se da sólo antes de la Encarnación sino que se da en cada año litúrgico y también en la actualidad. El Catecismo afirma: “Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador” (Catecismo, 524).

jueves, 7 de diciembre de 2017

Adviento: una guía de 4 semanas para prepararte intensamente

Tiempo de disponer nuestro corazón para recibir a ese maravilloso Ser
quien por puro amor a nosotros se “anonadó”

Sabemos que, como parte de la iglesia que fundó Cristo, celebramos su nacimiento al mundo con una gran fiesta a la que llamamos Navidad. Esta fiesta es sumamente importante, tanto que nos preparamos para recibirla con un periodo de tiempo llamado Adviento y el cual comienza 4 domingos antes de su nacimiento.

La palabra adviento significa “llegada o venida” y es una invitación a vivir en vigilancia, diligencia, sacrificio, penitencia, oración y con un espíritu esperanzador, generoso y agradecido hacia ese ser que siendo todo Dios se hizo hombre y nació por amor a ti y a mí.

Como en todas las tradiciones, su significado más importante no es el exterior, sino el interior. Es decir, saber, conocer y sobretodo vivir el fin espiritual que cada costumbre trae consigo.

Por ejemplo, la corona de adviento donde las familias se reúnen para hacer oración en torno a ella, la cual está hecha de ramas de hojas perennes y simboliza la alegría del tiempo de preparación a la navidad. Esta se decora con velas las cuales se enciende una cada domingo como símbolo de que estamos en espera del Señor con “la lámpara encendida”, listos para su llegada.

Piensa, ¿cómo preparas tu casa cuando esperas la llegada de ese invitado que para ti es muy especial, o de esa persona a la que amas profundamente y hace tiempo no ves? ¿Cómo te preparas tú personalmente para hacerle sentir bienvenido?

Seguro que la limpias hasta dejarla inmaculada, impecable; preparas tus mejores recetas no importando cuanto te canses, gastes o te sacrifiques. 

Imagínate, si eso haces por una persona de carne y hueso como tú y como yo, ¿cuánto más crees que debas preparar la morada de tu alma, preparar tu espíritu para recibir a ese Ser que es el amor y dueño absoluto, y que no sólo viene de visita, sino que si tú se lo permites, puede vivir en tu alma eternamente, hacer de ti su morada eterna?

¿Qué puedes hacer para preparar tu alma este Adviento?
Hay quien se reúne cada domingo en familia y vive la tradición de la corona: se enciende una vela, se lee el evangelio, se hace oración y se trabajan algunas virtudes y valores cada semana. 

Compartimos algunas sugerencias.

Primera semana: a limpiar. Vive la virtud de la pureza, del perdón y de la rectitud de intención. Asea tu interior con un espíritu vigilante, y limpia en ti todo aquello que no te permita vislumbrar con claridad la magnificencia que Dios ha obrado en ti.

Ponte atento a lo que verdaderamente te hace crecer en amor, y lo que no, deséchalo. Limpia tu alma con un profundo examen de conciencia, pensando en las cosas que te separan de Dios. Luego haz una buena confesión y pídele perdón.

Tú también perdona. Saca de tu corazón aquello que te impida experimentar en profundidad su amor, mismo amor que deseas vivir y transmitir en plenitud a tus semejantes. Puedes hacer esta oración:

Padre bueno, humildemente te suplico dame todo eso que no te he sabido pedir y quítame lo que no te he sabido entregar. Aparte de mí lo que me aparte de ti y nunca permitas que ningún amor humano, ningún bien material, ni ninguna circunstancia de mi vida me separe de ti, de la verdad, de tu corazón porque deseo ser solo tuyo, mi Señor, completamente tuyo.

Segunda semana: a ordenar. La verdadera paz comienza teniendo los amores en orden, viviendo la vida en prioridades, la principal: desear la santidad y llevar almas a Dios.

Ordena tus afectos poniendo a Dios como número uno.  Viviendo en obendiencia a sus mandamientos experimentarás orden interior y, por lo tanto, vivirás en verdadera paz. Y esa misma paz será la que transmitas al mundo. Que los demás te vean y digan: “Quiero ser como tú”.

Recuerda que paz no significa ausencia de problemas. Esta es fruto de vivir con la certeza que detrás de cada evento o circunstancia -por muy dolorosos que estos sean- está la mano de Dios y un plan perfecto de salvación para ti y los tuyos.

Tercera semana: a servir. Esta semana vive la caridad y la misericordia hacia tus semejantes con un espíritu alegre. Tu servicio, fruto de un auténtico amor y sacrificio, es alimento para tu alma, motor para tu vida y vehículo del amor de Dios hacia los demás.

Recuerda que dando es cuando verdaderamente recibimos. Amar y servir a ese que nunca te reta es muy fácil; amar y servir a aquel que te hace desatinar con todo y sus defectos, tratando de ver en él únicamente el rostro de Cristo, eso es misericordia.

Cuarta semana: a gozar. Esta es la gran semana, así que a vivir el gozo y la felicidad con el alma henchida de esperanza. Estas nunca serán fruto de tener, sino de SER… Date cuenta de la magnitud de personaje que eres y vive con tal dignidad, haciendo honor a ese nombre que llevas: HIJO DE DIOS.

martes, 29 de noviembre de 2016

Primer Domingo de Adviento

El pasado Domingo, dábamos comienzo al tiempo de Adviento, al igual que a un nuevo Año Litúrgico, que este año se corresponde con el Ciclo A.

En la celebración de la Eucaristía de las 12:30h, más conocida como Misa de la Catequesis, los niñ@s presentaban sus coronas de Adviento para ser bendecidas por el sacerdote que celebraba la Misa, que en este caso fue D. Isidro.

Aquí tenemos un momento de la celebración con las coronas de Adviento delante del Altar.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Si no tengo amor


Carta Pastoral de Adviento

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

Queridos diocesanos:

Acabamos de clausurar el Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia. Ahora, el tiempo litúrgico del Adviento nos invita a fortalecer nuestra esperanza cristiana fundamentada en la venida del Hijo de Dios, hecho hombre, al mundo para nuestra salvación, y a recorrer el camino a lo esencial de nosotros mismos desde lo que hemos de configurar los valores que dan sentido a nuestra vida. Somos conscientes de que navegamos a veces atravesando la espesa niebla de la angustia en el mar de nuestra existencia. Ya en el tercer milenio del cristianismo nos preguntamos: ¿Hemos conocido el amor de Dios? ¿Cómo estamos siendo testigos de ese amor? Para vosotros, queridos diocesanos, y para mí son interrogantes a los que necesitamos darle una respuesta si queremos que la venida del Señor sea levadura que transforme y luz que ilumine nuestras vidas.

El nacimiento del Hijo de Dios nos motiva a proclamar con el salmista: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para mirar por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajos sus pies”[1]. Es el misterio del hombre, pequeño y grande a la vez, mortal e inmortal, terreno y celeste. Estas afirmaciones parecen un sueño en medio de una condición humana resquebrajada en la que Dios ha dejado de ser el origen y la meta, el sentido y la explicación última de la vida, y el hombre quiere configurarse a su gusto y medida. La Iglesia nos dice que “Cristo en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación”[2].

Preparación  para la Navidad    

El Adviento nos ayuda a prepararnos espiritualmente para recibir al Señor que vino, está viniendo y vendrá. La profundidad del misterio se revela en estas palabras: “El Verbo si hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14). San Juan Pablo II nos dejaba escrito que “Jesús es el hombre nuevo que llama a participar de su vida divina a la humanidad redimida. En el misterio de la Encarnación están las bases de una antropología que es capaz de ir más allá de sus propios límites y contradicciones, moviéndose hacia Dios mismo; más aún, hacia la meta de la divinización a través de la incorporación a Cristo del hombre redimido, admitido a la intimidad de la vida trinitaria… Sólo porque el hijo de Dios se hizo verdaderamente hombre, el hombre puede, en él y por medio de él, llegar a ser realmente hijo de Dios”[3]. En esta providencia proclamamos: ¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad! (Lc 2, 14).

Fijemos nuestros ojos en el rostro de Cristo, pues en él descubriremos el rostro del hombre que hemos de mostrar en el peregrinar de nuestra vida, caminando desde Él para ser testigos de su amor. Nuestro compromiso es tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a nosotros con su pobreza (cf. 2Cor 8, 9). No olvidemos que los pobres de cualquier condición son la puerta para encontrarnos con el rostro de Cristo que nos dijo: “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos, y ciegos; y serás bienaventurado porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos” (Lc 14, 13-14). Normalmente cuando hacemos un banquete invitamos a parientes y amigos. Es la ley de la “reciprocidad comercial”. Ellos nos retribuirán después. Y Jesús nos dice que ahí no hay mérito, y propone la ley de la “generosidad gratuita”, buscando la recompensa divina, distinta de la recompensa humana que vicia a veces nuestras relaciones, y recordar lo que nos dice san Pablo: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hech 20, 35).  No nos olvidemos de los pobres en estos días en los que intercambiamos regalos. Respetemos la dignidad propia de cada ser humano. De esto dependerá el futuro de nuestra civilización.  “El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga”[4].

Siempre alegres en el Señor

Ante los males que puedan sobrevenirnos, no olvidemos que Dios está cercano a nosotros. El Señor está cerca de los que lo invocan sinceramente, es decir, de los que acuden a él con fe  recta, esperanza firme y caridad perfecta. La celebración de la Navidad nos trae el mensaje de que debemos estar siempre alegres en el Señor. Nuestra alegría ha de ser según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, siendo ejemplo de modestia y sobriedad. Dios nos ha hecho hijos en el Hijo, y esto conlleva vivir la fraternidad con los demás. Recordemos que sigue habiendo hogares con acuciantes problemas económicos, y que hay mucha gente que no tiene lugar en la posada de nuestra sociedad. Con todos ellos hemos de vivir la Navidad, ayudándoles con nuestra colaboración económica y llevándoles la Luz que brilló en Belén. ¡Siempre es Navidad! ¡Feliz Navidad!

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.