sábado, 24 de octubre de 2026

Domingo XXX del Tiempo Ordinario, A

 En el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que lo más importante de nuestra fe se resume en una palabra: AMAR. Amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a nosotros mismos. Parece sencillo, pero ¡cuánto nos cuesta a veces llevarlo a la vida! Porque amar no consiste solo en decir palabras bonitas o tener buenos sentimientos. Amar es estar cerca de quien nos necesita, escuchar sin prisas, perdonar aunque duela, tender la mano sin esperar nada a cambio. Y es precisamente en esos pequeños gestos cotidianos donde nuestro amor a Dios se hace visible. No podemos separar el amor a Dios del amor a los demás, porque cada persona es alguien a quien Dios ama. Quizá hoy Jesús nos invita a hacernos una pregunta: ¿se nota, en mi manera de tratar a los demás, que creo en un Dios que es amor? Porque, al final, la fe no se demuestra solo con lo que decimos, sino también con la manera en que amamos.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, A

 «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22, 21). Con estas palabras, Jesús nos recuerda algo que fácilmente olvidamos: vivimos en el mundo, pero nuestro corazón está llamado a algo mucho más grande. Cumplir nuestras responsabilidades, trabajar por una sociedad más justa y contribuir al bien común forma parte de nuestra vida cristiana. Pero hay algo que no podemos entregar a ningún poder humano: nuestra conciencia y nuestra fidelidad a Dios. La moneda llevaba grabada la imagen del César y, por eso, le pertenecía. Pero nosotros llevamos grabada una imagen mucho más valiosa: la de Dios, que nos creó por amor. ¡Qué hermoso descubrir que nuestra vida lleva su huella! A veces damos tanto de nosotros mismos a las preocupaciones y exigencias de cada día que terminamos olvidando a quién pertenecemos de verdad. Jesús nos invita hoy a recuperar lo esencial: dar a Dios lo que es suyo, que no es otra cosa que nuestro corazón y nuestra vida entera. Porque cuando Dios ocupa el lugar que le corresponde, no nos alejamos del mundo, sino que aprendemos a vivir en él con más amor y compromiso.