Blog de la Parroquia de Padrón
sábado, 15 de agosto de 2026
Domingo XX del Tiempo Ordinario, A
viernes, 24 de julio de 2026
25 de julio: Santiago Apóstol
Hay lugares que no se comprenden con los mapas, sino con el corazón. Padrón es uno de ellos. Fue aquí, en las tierras de Iria Flavia, donde la tradición sitúa a Santiago anunciando el Evangelio durante años. No encontró aplausos ni multitudes, sino caminos difíciles y corazones por conquistar. Pero quien siembra para Dios nunca mide el fruto por la inmediatez.
Cuando Santiago entregó su vida por Cristo en Jerusalén, parecía que todo había terminado. Sin embargo, el amor verdadero nunca escribe un punto final. Sus discípulos, Teodoro y Atanasio, trajeron el cuerpo de su maestro de regreso a estas tierras, pues según una antigua tradición, cada apóstol debía descansar allí donde había anunciado a Cristo. Desde el puerto de Haffa, llegaron hasta el puerto del Murgadán, en Padrón y, desde aquí, comenzó un viaje que marcaría para siempre nuestra historia.
La tradición cuenta que aquellas tierras estaban gobernadas por Atia, -más conocida como reina Lupa-, pero con el permiso de los romanos. Permitir que el apóstol, un hombre ejecutado por los romanos, fuera enterrado en sus dominios, podría costarle el gobierno de su matriarcado. Con admirable astucia, encontró una solución: dijo a Teodoro y Atanasio que colocaran el cuerpo del Apóstol sobre un carro tirado por bueyes y se dirigieran hacia el norte. Allí donde los animales se detuvieran, podrían darle sepultura. Atia sabía que, al alcanzar la cima del monte Libredón, los bueyes abandonarían sus dominios y ella no tendría que dar explicaciones a Roma. Dios, sin embargo, a partir de esta, tenía escrita otra historia.
Desde Padrón hasta el Libredón todo es subida. También lo son muchas veces nuestros días. Hay cuestas que cansan, heridas que pesan y momentos en los que parece más fácil detenerse que continuar. Pero aquellos bueyes siguieron avanzando, paso a paso, como si una mano invisible guiara su camino hacia el lugar elegido desde siempre.
Quizá ese sea el gran mensaje de la solemnidad de Santiago: Dios puede servirse incluso de las decisiones y los cálculos de los hombres para cumplir sus planes. Lo que parecía una solución nacida del miedo, e incluso del egoísmo humano, acabó convirtiéndose, en las manos de Dios, en el comienzo de una historia de fe que ha iluminado a millones de personas durante siglos.
Hoy, al celebrar la memoria del Apóstol Santiago, volvemos la mirada agradecida hacia Padrón, donde comenzó esta historia de esperanza. Y recordamos que, cuando ponemos nuestra vida en manos de Dios, ninguna cuesta es inútil. Porque Él sigue guiando nuestros pasos hacia una cima que muchas veces no alcanzamos a imaginar, pero donde Él siempre nos espera con un horizonte más grande del que jamás hubiéramos soñado.
viernes, 3 de julio de 2026
Domingo XIV del Tiempo Ordinario, A
domingo, 28 de junio de 2026
XIII Domingo del Tiempo Ordinario, A
sábado, 20 de junio de 2026
XII Domingo del Tiempo Ordinario, A
lunes, 15 de junio de 2026
domingo, 7 de junio de 2026
Hoy celebramos el Corpus Christi
En la Eucaristía, Jesús se hace pequeño, cercano, humilde. Se nos da como Pan partido, como alimento para el camino, como presencia que sostiene cuando faltan las fuerzas. No viene con ruido ni con espectáculo; viene en el silencio de una Hostia, en la pobreza de un altar, en la belleza de una procesión que recuerda al mundo que Cristo sigue caminando con su pueblo.
Corpus Christi nos invita a mirar la Eucaristía con el corazón despierto. Ahí está el Señor: el mismo que curó heridas, levantó a los caídos, consoló a los tristes y se entregó por amor. Y desde ese Pan vivo nos enseña también a hacernos pan para los demás: a compartir, a acompañar, a cuidar, a no pasar de largo ante quien sufre.
Hoy, al contemplar a Jesús Sacramentado, podemos decirle:
Señor, quédate con nosotros. Quédate en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestras calles, en nuestras heridas y en nuestras esperanzas. Haz de nuestra vida una prolongación de tu amor.
Porque donde está la Eucaristía, allí late el corazón de la Iglesia.
Y donde Cristo se entrega, comienza siempre una vida nueva.
Feliz solemnidad del Corpus Christi.










