domingo, 14 de julio de 2024

Domingo XV del Tiempo Ordinario, B

Jesús envía a sus discípulos en esta lectura del Evangelio con una misión clara y específica: predicar la conversión y curar a los enfermos, ya que una consecuencia de su vocación es anunciar a los demás lo que han visto y oído. Lo notable de este pasaje es la instrucción de Jesús para que vayan de dos en dos, porque sabe que nuestro entusiasmo inicial tiende a enfriarse. Sabe que igual que le prometemos eterna fidelidad, le negamos cuando las cosas se ponen difíciles.

Ser cristiano implica aceptar el llamado a la misión con responsabilidad y entrega, siguiendo el ejemplo de los primeros discípulos. Es asumir que en nuestra vida deben estar presentes las actitudes y el modo de ser de Jesús, porque Él nos envía a hacer lo mismo que Él hizo. Esa es nuestra máxima responsabilidad. Desde el momento en que fuimos bautizados, somos elegidos por el Señor para ser continuadores de su obra de amor en el mundo. A todos nos envía, pero ¿cuántos estamos dispuestos a serle fieles? ¿Cuántos nos hemos preocupado por descubrir lo que significa estar bautizados? La misión de ser discípulos de Cristo nos desafía a vivir de manera coherente con el Evangelio. Jesús nos envía para ser portadores de esperanza y anunciadores de un futuro que se hace realidad cuando somos capaces de salir de nuestra comodidad y escuchar la voz de Dios que nos llama desde las necesidades de los demás.



sábado, 13 de julio de 2024

Fiesta del Apóstol Santiago

Del 17 al 24, Novena a Santiago Apóstol en el Santiaguiño del Monte y el día 25 fiesta del Apóstol Santiago.

 
 

 

sábado, 6 de julio de 2024

Domingo XIV del Tiempo Ordinario, B

El evangelio de hoy nos muestra a Jesús regresando a su pueblo natal y enfrentando el escepticismo y la falta de fe de sus propios paisanos. A pesar de su sabiduría y los milagros que había realizado, sus vecinos no podían ver más allá de sus orígenes humildes como carpintero y miembro de una familia común. Este rechazo pone de manifiesto una verdad incómoda: muchas veces, nos resulta difícil reconocer la presencia y la acción de Dios en lo cotidiano y en las personas que nos son familiares. La falta de fe de la gente de Nazaret limitó los milagros que Jesús pudo realizar allí, demostrando cómo nuestra incredulidad puede obstaculizar la obra de Dios en nuestras vidas.

En nuestra vida diaria, esta lección es profundamente relevante. Nos invita a examinar nuestras propias actitudes y predisposiciones. ¿Cuántas veces hemos desestimado las palabras o acciones de aquellos cercanos a nosotros simplemente porque los conocemos bien o porque no cumplen nuestras expectativas de cómo debería actuar un mensajero de Dios? Este pasaje nos llama a abrir nuestros corazones y mentes, a reconocer que Dios puede actuar a través de las personas y circunstancias más inesperadas. Nos reta a dejar de lado nuestros prejuicios y a estar atentos a las manifestaciones de la gracia divina en lo ordinario. Al cultivar una fe genuina y receptiva, permitimos que Dios realice sus milagros en nuestras vidas y en nuestras comunidades.