viernes, 6 de marzo de 2026

III Domingo de Cuaresma, A

En el evangelio de este domingo contemplamos el encuentro de Jesús con la samaritana junto al pozo de Jacob. Jesús inicia el diálogo pidiéndole de beber, pero poco a poco conduce la conversación hacia una verdad más profunda: el corazón humano tiene una sed que el agua material no puede apagar. Con delicadeza, Jesús revela a la mujer su propia vida y le ofrece el "agua viva", que es la vida nueva que Dios da por medio de su gracia. Este pasaje nos recuerda que muchas veces buscamos saciar nuestra sed de felicidad en cosas pasajeras, pero solo Cristo puede llenar verdaderamente el corazón. Él no rechaza a nadie, sino que sale al encuentro de cada persona para ofrecerle una vida nueva.

El diálogo termina transformando a la mujer en testigo. Después de encontrarse con Jesús, deja su cántaro y corre al pueblo para anunciar lo que ha vivido. Su experiencia muestra que el encuentro con Cristo cambia la vida y despierta el deseo de compartir la fe con los demás. Durante la Cuaresma, la Iglesia nos invita precisamente a esto: a acercarnos a Jesús, reconocer nuestra sed de Dios y abrir el corazón a su gracia. Quien se deja encontrar por Cristo descubre que Él es verdaderamente el Salvador y se convierte, como la samaritana, en portador de esperanza para otros.

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