viernes, 3 de julio de 2026

Domingo XIV del Tiempo Ordinario, A

 Jesús se dirige hoy a quienes llevan el corazón cansado, a quienes sienten que la vida pesa demasiado o que no pueden seguir adelante solos, y les ofrece algo que nadie más puede dar: descanso para el alma. Él no promete una existencia sin dificultades, pero sí una manera nueva de afrontarlas, porque su yugo no oprime y su carga no aplasta. Para acoger este don necesitamos hacernos pequeños, reconocer que no lo sabemos todo y dejarnos enseñar por Dios con confianza. El corazón sencillo descubre lo que muchas veces se oculta a quien vive encerrado en su orgullo: que Dios es cercano, que nos ama de verdad y que camina a nuestro lado. Acudir a Jesús significa poner en sus manos nuestras preocupaciones, nuestras heridas y nuestros miedos, sabiendo que Él es manso y humilde de corazón. Cuando vivimos unidos a Él, los problemas no desaparecen como por arte de magia, pero ya no los llevamos solos; su amor nos sostiene, su palabra nos ilumina y su presencia nos devuelve la esperanza. Hoy Jesús vuelve a decirnos: «Venid a mí». No tengamos miedo de acercarnos, porque en Él siempre encontraremos un hogar para el corazón.