miércoles, 14 de octubre de 2026

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, A

 «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22, 21). Con estas palabras, Jesús nos recuerda algo que fácilmente olvidamos: vivimos en el mundo, pero nuestro corazón está llamado a algo mucho más grande. Cumplir nuestras responsabilidades, trabajar por una sociedad más justa y contribuir al bien común forma parte de nuestra vida cristiana. Pero hay algo que no podemos entregar a ningún poder humano: nuestra conciencia y nuestra fidelidad a Dios. La moneda llevaba grabada la imagen del César y, por eso, le pertenecía. Pero nosotros llevamos grabada una imagen mucho más valiosa: la de Dios, que nos creó por amor. ¡Qué hermoso descubrir que nuestra vida lleva su huella! A veces damos tanto de nosotros mismos a las preocupaciones y exigencias de cada día que terminamos olvidando a quién pertenecemos de verdad. Jesús nos invita hoy a recuperar lo esencial: dar a Dios lo que es suyo, que no es otra cosa que nuestro corazón y nuestra vida entera. Porque cuando Dios ocupa el lugar que le corresponde, no nos alejamos del mundo, sino que aprendemos a vivir en él con más amor y compromiso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario