
Este “caminar juntos” (sínodo) de pastores y pueblo de Dios, se inspira en la tarea confiada por el Papa Francisco a la Iglesia universal de «madurar, con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a tantas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben afrontar» y en continuidad con las reflexiones de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos de octubre de 2014, que trató el tema: “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”.
De este modo, el camino sinodal que estamos por iniciar contempla tres momentos íntimamente relacionados: “la escucha de los desafíos que afronta la familia; el discernimiento de la vocación familiar y la misión de la familia hoy”. Este camino es el fruto de un proceso de reflexión y profundización de todo el Pueblo de Dios, al que contribuyó el Santo Padre, con sus catequesis semanales sobre la familia en las Audiencias generales, y con la participación de los Sínodos de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, de las Conferencias Episcopales, de los Dicasterios de la Curia Romana y de la Unión de los Superiores Generales; reservando a una amplia atención a la familia no sólo en ambientes eclesiales, sino también de parte de la sociedad civil.
Conservando el valioso fruto de la Asamblea anterior y de la mano del Obispo de Roma, el nuevo paso que espera a la Iglesia, parte de la escucha de los desafíos que debe afrontar la familia para dirigir la mirada a su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. “La familia, además de tener que responder a las problemáticas actuales, ante todo está llamada por Dios a tomar conciencia, siempre nueva, de su identidad misionera de Iglesia doméstica, también ella en salida. En un mundo a menudo marcado por la soledad y la tristeza, el Evangelio de la familia es verdaderamente una buena noticia".
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