miércoles, 29 de octubre de 2014

Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

El pasado 19 de octubre, escuchábamos en el Evangelio cómo los fariseos y herodianos intentaban tenderle una trampa a Jesús para que se decidiera entre la alternativa de Dios o el César. La respuesta de Jesús, de todos conocida, fue la de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Con este motivo, para explicarle a los niños de 1º y 2º este evangelio durante los 10 primeros minutos (Los 10 primeros minutos de la catequesis siempre van a estar dedicados al Evangelio del día, para lo cual, los niños van a encontrarse con dibujos gigantes en las escaleras que dan acceso a las zonas donde damos catequesis) nos encontramos con: César y la moneda con la cara de César.


(Esta imagen está tomada antes de llevarlo para la Iglesia, justo cuando lo terminamos de hacer)


El Pasaporte

Los niños de 1º, 2º y 3º de nuestra parroquia, cuando vienen a la catequesis, tienen que venir provistos de su PASAPORTE, que como todos sabemos, es personal e intransferible, de ahí que cuando se les entregó, cada uno tuviera que firmar el suyo.

La razón es que, cada domingo, deben cruzar la frontera a un país distinto, un país por conocer: el país de Jesús. Y para ello deben cruzar la frontera por la aduana, donde previamente le sellan el pasaporte para permitirle la entrada.





Hacia una catequesis creativa

La naturaleza parece despertar el primer día después del sábado, un nuevo amanecer está surgiendo y va a iluminar las tinieblas en que los discípulos estaban inmersos después de la resurrección de Jesús. Es tiempo de resurrección, una nueva luz permite mirar el mundo y la historia de un modo diferente.

El octavo día de la creación: "Para nosotros ha surgido un nuevo día: el día de la Resurrección de Cristo. El séptimo día acaba la primera creación. Es necesario dejarse iluminar por esta luz, para no caer en la tentación de las tinieblas, en la oscuridad de la desconfianza, de la tristeza, del miedo.

"La imaginación creativa tiene el poder de las fuerzas de la naturaleza. Cada individuo auténtico es una persona creativa. La actividad creativa ennoblece la alegría del hombre y atenúa los contornos de su sufrimiento. El que está impregnado por el espíritu de la divina inquietud progresa, mientras que retrocede el que está satisfecho con la propia condición.

Un espíritu creativo no puede por menos de ser un espíritu que vive en plenitud y de modo auténtico su vida.

En nuestra vida, en nuestro servicio educativo y pastoral, poner en movimiento nuestra creatividad es activar ante todo una mirada nueva, abierta, positiva sobre la realidad y sobre las personas con quienes vamos a encontrarnos, con las convicción de que no basta poner remiendos para resolver problemas, sino que es necesario un vestido nuevo (Mt 9, 16).

Una fe creativa, eso es lo que necesitamos en esta época que nos toca vivir. Pensar la vida como un proyecto a realizar junto con el Señor requiere una aproximación educativa, que necesariamente debe inspirarse en la creatividad, en el principio de la "con-creación".

El riesgo es de formar muchos "jóvenes ricos" (Mt 19, 16-22), muchachos que durante años han asimilado contenidos, enseñanzas, pero que no consiguen proyectar su vida y tomar decisiones coherentes a partir de ello. Son chicos que saben pero que no son, que visten una fe en lugar de encarnarla. El final es el de quien se va triste, que desespera en los momentos difíciles, pensando que para vivir felices bastaría buscar respuestas más que convertirse en respuesta.

La Biblia, como alimento del que se nutre el cristiano, es un instrumento para convertirse en respuesta, por medio de nuestra aportación creativa, y no un dispensador de respuestas ya confeccionadas. Es alimento para poder con-crear junto con Dios ese proyecto de vida que llegará a ser mi historia de salvación, para inscribirse en la más amplia Historia de la Salvación de todo Su pueblo. Naturalmente no sin la ayuda del Espíritu Santo, inspirador de las Escrituras y guía de su interpretación, y de la Tradición magisterial, en cuanto que la Iglesia es sabia custodia de la Palabra.

Sobre todo los más grandes entre nuestros muchachos no necesitan tanto respuestas, cuanto preguntas. Preguntas a las cuales dar sentido. "Recuerdo siempre un principio pastoral según el cual las respuestas caen sobre un terreno fértil solo cuando antes ha sido puesta una pregunta, cuando he observado o escuchado" (C.M.Martini, Coloquios nocturnos en Jerusalén).

Para que una fe sea creativa, se necesita, se necesita una catequesis que haga uso del don de la creatividad. Para una catequesis de este tipo es necesario ante todo encender los motores del aprendizaje creativo: asombro, admiración, emoción, búsqueda, descubrimiento, aventura, sorpresa, curiosidad.

No puede haber aprendizaje auténtico, verdadero, sin haber estimulado estos propulsores del conocimiento. Los contenidos de fe, que estamos llamados a comunicar, podrán ser conocidos, acogidos y vividos personalmente por los muchachos con entusiasmo y eficacia, en la medida en que hayamos estimulado en ellos estos propulsores, o sea, según hayamos despertado en ellos interés y deseo.

La catequesis, como proyecto educativo para la transmisión de la fe, se realiza por medio de un acto intencional y metódico: el catequista fija los objetivos y, para alcanzarlos, proyecta acciones que hay que realizar a lo largo del tiempo. Para realizar todo esto, NO PODEMOS CONFIARNOS A LA IMPROVISACIÓN!!

Así que... ¡pongámonos los cinturones y en marcha!!!

miércoles, 20 de agosto de 2014

SANTA MARÍA REINA

A los siete días de haber celebrado la fiesta de la Asunción de María a los cielos, honra la Iglesia con esta festividad a la Virgen María, que viene a ser como una continuación lógica de aquella.

Este 22 de agosto celebramos a la Santísima Virgen María como Reina. María es Reina por ser Madre de Jesús, Rey del Universo.
Aunque esta fiesta fue instituida por el Papa Pío XII, en 1955 para venerar a María como Reina igual que se hace con su Hijo, Cristo Rey, al final del año litúrgico, desde siempre había sido enseñada por los Santos y por el Magisterio de la Iglesia. Ya el Papa Sixto IV, el 28 de febrero de 1476, escribía en la Constitución Apostólica Cum praeexcelsa: "Al meditar y considerar devotamente las insignes excelencias de los meritos por los cuales la Reina de los cielos, Virgen Madre, gloriosísima de Dios, encumbrada sobre los tronos celestiales, brilla entre los astros como estrella de la mañana"... León XIII, en 1894, añadía: "La Virgen esta realzada con diadema de estrellas por su Hijo Dios, sentada ante Él como Reina y Señora del Universo".

Todos los Santos a una han cantado su realeza. He aquí un par de ejemplos: San Andrés de Creta: "Salve, Reina de todo el género humano". San Juan Damasceno: "María como Reina, Soberana, Señora y Madre verdadera de Dios, fue trasladada a las regias mansiones de los cielos, y puesta en posesión de los bienes de su Hijo, para que reciba los homenajes de toda criatura... porque el Hijo sometió a su Madre todos los seres creados". San Germán de Constantinopla: "Reina de todos y más gloriosa que los reyes todos de la tierra"...
María ha sido elevada sobre la gloria de todos los santos y coronada de estrellas por su divino Hijo. Está sentada junto a Él y es Reina y Señora del universo.

María fue elegida para ser Madre de Dios y ella, sin dudar un momento, aceptó con alegría. Por esta razón, alcanza tales alturas de gloria. Nadie se le puede comparar ni en virtud ni en méritos. A Ella le pertenece la corona del Cielo y de la Tierra.

María está sentada en el Cielo, coronada por toda la eternidad, en un trono junto a su Hijo. Tiene, entre todos los santos, el mayor poder de intercesión ante su Hijo por ser la que más cerca está de Él.
La Iglesia la proclama Señora y Reina de los ángeles y de los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y de los mártires, de los confesores y de las vírgenes. Es Reina del Cielo y de la Tierra, gloriosa y digna Reina del Universo, a quien podemos invocar día y noche, no sólo con el dulce nombre de Madre, sino también con el de Reina, como la saludan en el cielo con alegría y amor los ángeles y todos los santos.

La realeza de María no es un dogma de fe, pero es una verdad del cristianismo. Esta fiesta se celebra, no para introducir novedad alguna, sino para que brille a los ojos del mundo una verdad capaz de traer remedio a sus males.