Ayer sábado, la parroquia de Padrón se convirtió en un verdadero Cenáculo. Vivimos una oración ecuménica, uniéndonos a la Iglesia universal en esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
¿Por qué es esto tan importante? 🤔 Hay quien piensa que el ecumenismo es solo "llevarnos bien" o un simple acto de diplomacia. Pero la Iglesia nos enseña que es mucho más: la unidad es un mandato de Cristo.
Antes de la Pasión, Jesús no pidió éxito ni poder; pidió al Padre: "Que todos sean uno... para que el mundo crea" (Jn 17, 21). La división entre los cristianos es una herida en el Cuerpo de Cristo que debilita el anuncio del Evangelio. Por eso, lo que vivimos ayer en Padrón no fue un simple evento, sino un acto de obediencia y amor.
El Concilio Vaticano II nos enseñó que la oración es el alma de todo movimiento ecuménico. No podemos lograr la unidad solo con fuerzas humanas; es un don del Espíritu Santo que debemos pedir.
Como nos recuerda el lema de este año, inspirado en la carta a los Efesios y que vemos en el cartel: hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, igual que una sola es la esperanza a la que hemos sido llamados.
Ayer en Padrón, renovamos el compromiso de caminar juntos, reconociendo que lo que nos une (el Bautismo y la fe en Cristo) es infinitamente más fuerte que lo que nos separa.
¿Por qué es esto tan importante? 🤔 Hay quien piensa que el ecumenismo es solo "llevarnos bien" o un simple acto de diplomacia. Pero la Iglesia nos enseña que es mucho más: la unidad es un mandato de Cristo.
Antes de la Pasión, Jesús no pidió éxito ni poder; pidió al Padre: "Que todos sean uno... para que el mundo crea" (Jn 17, 21). La división entre los cristianos es una herida en el Cuerpo de Cristo que debilita el anuncio del Evangelio. Por eso, lo que vivimos ayer en Padrón no fue un simple evento, sino un acto de obediencia y amor.
El Concilio Vaticano II nos enseñó que la oración es el alma de todo movimiento ecuménico. No podemos lograr la unidad solo con fuerzas humanas; es un don del Espíritu Santo que debemos pedir.
Como nos recuerda el lema de este año, inspirado en la carta a los Efesios y que vemos en el cartel: hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, igual que una sola es la esperanza a la que hemos sido llamados.
Ayer en Padrón, renovamos el compromiso de caminar juntos, reconociendo que lo que nos une (el Bautismo y la fe en Cristo) es infinitamente más fuerte que lo que nos separa.
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