domingo, 18 de septiembre de 2022

Misas e intenciones de la parroquia de Padrón

 


XXV Domingo del Tiempo Ordinario (C)

En el evangelio, Jesús nos vuelve a poner otra de esas exigencias que cuando la escuchamos hace que algo chirríe en nuestro interior: no podéis servir a Dios y al dinero (recordemos que esto, está dicho hace veinte siglos). Si hace dos domingos nos decía que el afecto hacía Él debería estar por encima del de nuestra propia familia, hoy nos lanza este nuevo reto.
 
Jesús no condena el dinero, que es algo imprescindible para vivir. Pero nos pide que apliquemos algunos elementos correctores que sí son importantes, por ejemplo, que el dinero no sea el centro de nuestra vida, o sea que nuestra vida no se mueva únicamente por el deseo de tener cuanto más mejor, sino que haya otros valores que influyan más decisivamente en mi modo de vivir, que haya otras cosas que me preocupen más que ese deseo desproporcionado y enfermizo de poseer cuanto más poder económico mejor.
 
Miremos a nuestro alrededor y veamos donde podemos demostrar nuestra solidaridad con los que tienen menos que nosotros. Es decir, ojalá estas palabras de Jesús despierten en mí esa necesidad de ayudar un poco más a los demás, también desde el punto de vista material. Si lo pienso un poco descubriré que puedo hacer más de lo que hago. Hoy la palabra de Dios me pide que revise este aspecto de mi vida de compromiso cristiano ¿hasta dónde me voy a comprometer a llegar?

domingo, 11 de septiembre de 2022

Domingo 24º del Tiempo Ordinario C

 Nuestro Dios es la imagen perfecta de la misericordia. Cuando tantas veces nuestra forma de actuar sería irritante para cualquiera, cuando la repetición de nuestros pecados es algo persistente, cuando la falta de credibilidad de nuestras promesas de cambio son tan evidentes, que harían reaccionar a cualquiera con un ¡ya está bien¡, Él es capaz de cumplir siempre con su promesa, es capaz de no dejarnos abandonados, es capaz de perdonar y de olvidar, cosa que como nosotros no hacemos, no nos creemos que Dios lo haga, y de ahí esa costumbre de repetir en nuestras confesiones el pedir perdón por todos los pecados de nuestra vida pasada, cuando Dios ya se ha olvidado de ellos desde la primera vez que los confesé. Dios es capaz de perdonar y de olvidar. Y para hacer esto hace falta tener un corazón muy misericordioso. No le demos más vueltas, la misericordia es la primera actitud de Dios, del Dios de Jesús, del Dios en el que creemos.

La reflexión interior sobre esta realidad es un buen punto de partida para comenzar este nuevo curso pastoral. No tengo que permitirme seguir como siempre, en algo tengo que demostrar que mi vida de fe también va dando pasos hacia una mayor profundización y vivencia personal de lo que creo, ¿qué es lo que yo voy a intentar hacer mejor a partir de ahora?, ¿con qué gesto concreto voy a demostrar que mi vida de fe es un poco más comprometida?

domingo, 4 de septiembre de 2022

Dominjgo XXIII del Tiempo Ordinario (C)

En el Evangelio de hoy, encontramos a Jesús recorriendo su camino hacia Jerusalén. Jesús pensó que era una buena ocasión para enumerar a los que le seguían las condiciones necesarias para hacer un buen seguimiento. La primera es que todo nuestro afecto debe estar dirigido a su persona. La segunda condición es la de la cruz. El que sea discípulo de Jesús, habrá de aceptar, voluntariamente, como Él, la cruz, y seguir el camino que Él nos enseñó. Y la cruz, como ya sabemos, la encontramos todos los días en nuestro vivir diario, cada uno sabe cual es la suya, la clave de la cuestión está en saber aceptarla, en saber llevarla con dignidad, en trabajar para hacerla mas llevadera a nosotros y a los demás, en saber compartir la misma suerte de Jesús. Y la tercera de las condiciones: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. La frase aparece como de repente, sin ninguna introducción que pudiera preparar a los que le escuchaban. Jesús tiene que ser más valioso para nosotros que todos los bienes que podamos tener.

Cuando ya estamos dejando atrás el periodo vacacional, y nos disponemos a comenzar un nuevo curso en todos los sentidos también en el pastoral, y en el de nuestra vida religiosa y parroquial, debo intentar avanzar un poco, en las cosas que creo, y a las que voy a comprometerme. ¿Para ser discípulo de Jesús, que es lo que yo voy a mejorar en este nuevo curso? ¿Voy a seguir haciendo lo mismo de siempre?