viernes, 29 de marzo de 2024

Viernes Santo...

Días antes, uno de los doce discípulos de Jesús, Judas Iscariote, se presentó a los príncipes de los sacerdotes y arregló con ellos la venta de Jesús por 30 piezas de plata (equivalente al salario de 4 meses). Los judíos querían conocer exactamente el paradero de Jesús para poder arrestarle rápidamente, sin que estuviera presente la gente.

Y llegado el momento, Jesús es arrestado por la guardia del templo, luego de que Judas le diera un beso. Y Jesús se dejó prender, sin resistencia, mientras los suyos quisieron resistir y finalmente huyeron: las autoridades lo prenden y los suyos lo abandonan.

Probablemente, esa misma noche, se celebró un juicio con los príncipes de los sacerdotes, confirmado por la mañana por Pilato, que lo condenó a muerte.

Los sacerdotes, (no los judíos sin más), decidieron el destino de muerte de Jesús, pero la sentencia fue dictada por Pilato quien lo condenó por hacerse "rey de los judíos", y no sólo a muerte, sino a muerte con tortura (flagelación y coronación de espinas) y en cruz (en lenta agonía, por agotamiento físico), como escarnio ante todos, con la mayor crueldad posible.

Aparece así, el fracaso de un mesianismo triunfal, esperado por muchos. Jesús había anunciado la llegada del Reino de Dios y para muchos éste debía ser como un poder mundano, precisamente en Jerusalén. Pero los sacerdotes de la ciudad de Dios lo rechazaron y el gobernador del Imperio de Roma, Poncio Pilato, lo crucificó, como a Mesías fracasado. Y no vino Dios a salvarlo "externamente". Murió, al parecer, abandonado.

Y, por si fuera poco, Jesús no fue enterrado por los suyos (familiares, discípulos y amigos), pues un cadaver colgado en el madero, sin enterrar, era foco de impureza, especialmente en un día de fiesta. Sea como fuere, todo había terminado, sólo quedaba un cadáver enterrado.



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