sábado, 29 de agosto de 2026

XXII Domingo del Tiempo Ordinario A

El Evangelio de hoy nos recuerda que seguir a Jesús no significa buscar una vida fácil, sino aprender a vivir como Él, amando incluso cuando cuesta. Pedro no puede aceptar que el camino de Jesús pase por el sufrimiento y la cruz, porque piensa con criterios humanos; también nosotros quisiéramos muchas veces un cristianismo sin dificultades, sin renuncias y sin entrega. Pero Jesús nos invita a ir más lejos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga». Negarse a uno mismo no significa despreciarse, sino dejar de poner nuestro propio interés en el centro para hacer espacio a Dios y a los demás; tomar la cruz no es buscar el sufrimiento, sino afrontar con fe, amor y esperanza aquello que la vida nos presenta. Jesús nos enseña una paradoja que solo se comprende cuando se vive: quien se aferra egoístamente a su vida acaba perdiéndola, mientras que quien la entrega por amor descubre una vida mucho más plena. Seguir a Cristo es aprender cada día a salir de nosotros mismos, a amar con generosidad, a permanecer fieles cuando cuesta y a confiar en que ninguna entrega hecha por amor es inútil. La cruz no tiene la última palabra: cuando caminamos con Jesús, incluso aquello que pesa puede convertirse en camino de vida, de libertad y de esperanza.

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