La Ascensión del Señor no es una despedida triste, sino el comienzo de una misión apasionante: Jesús sube al cielo, pero no se aleja de nosotros. En el monte de Galilea, los discípulos se encuentran con Él tal como son, con fe y también con dudas, y aun así Jesús confía en ellos. No les pide que sean perfectos para enviarlos; les pide que se pongan en camino, que anuncien, que bauticen, que enseñen a vivir según su Evangelio. Esta es una gran noticia para nosotros: también nuestras dudas, miedos y cansancios pueden convertirse en lugar de encuentro con Cristo. La Ascensión nos recuerda que el Señor reina junto al Padre, pero sigue actuando en la historia a través de una Iglesia que sale, acompaña y anuncia. Destaca su promesa final: “Yo estoy con vosotros todos los días”. No dice algunos días, ni solo cuando todo va bien, sino todos los días. Por eso, celebrar la Ascensión es levantar la mirada al cielo sin dejar de poner los pies en la tierra: porque Cristo nos espera arriba, pero camina con nosotros aquí.
martes, 12 de mayo de 2026
Solemnidad de la Ascensión
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