
605 sacerdotes de Colombia, México, Venezuela y Ecuador empezaron el 1° de octubre un torneo en el que los ornamentos, los rituales y las oraciones darán paso a uniformes, penales, goles y emotivas celebraciones.
Se trata de la quinta versión de la Copa de la Fe, un evento exclusivo para religiosos, que en su primera cita estuvo enmarcado dentro de la celebración del Año de la Fe promovido en 2013 por el papa Benedicto XVI. Según el cardenal Rubén Salazar, gran impulsor del torneo, “es un espacio de esparcimiento para sacerdotes que están haciendo un trabajo fuerte en cada uno de los sitios y misiones que la Iglesia les ha encomendado”.


Como todos los campeonatos, esta Copa de la Fe también tuvo sorteos rigurosos para distribuir a los participantes en grupos equilibrados. Las cabezas de series se repartieron entre el conjunto anfitrión, los tres equipos extranjeros y los que ocuparon los tres primeros lugares en la versión anterior, entre ellos, la diócesis de Garzón, campeón 2016. En total se inscribieron 605 deportistas que pertenecen a la mayoría de diócesis colombianas, algunas de las cuales se unieron temporalmente para poder completar los equipos o hacerlos más competitivos.

En la reglamentación no se fijó ningún límite de edad para los participantes teniendo en cuenta que se trata de un encuentro de esparcimiento sin ánimo competitivo, por esa razón los organizadores permitieron la participación de sacerdotes mayores, entre ellos, el único obispo de la competición, Carlos Germán Meza, de la diócesis de San y Socorro, quien tiene más de 65 años.
Goles y solidaridad

Además de la competición ―en la que no se entregarán premios en dinero, pero sí modestos trofeos, medallas e implementos deportivos― la totalidad de curas-deportistas emprenderán acciones de solidaridad y durante los cinco días del campeonato adelantarán jornadas espirituales para atender a miles de venezolanos que se encuentran de paso hacia el interior de Colombia.

Según Marenco, esa cifra corresponde al número de hombres y mujeres que diariamente circulan por la frontera colombo-venezolana. La mayoría de ellos llegan a la casa de paso Divina Misericordia, ubicada cerca de la línea fronteriza. Simultáneamente los sacerdotes visitarán las parroquias de Cúcuta y municipios vecinos para ofrecer a los fieles los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía.
(Vicente Silva Vargas/Aleteia Colombia)
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