El Evangelio de los discípulos de Emaús nos recuerda que muchas veces también nosotros caminamos con el corazón triste, confundidos por lo que vivimos y sin darnos cuenta de que Jesús va a nuestro lado. Aquellos dos discípulos hablaban de su decepción, de sus esperanzas rotas, y precisamente ahí, en medio de su cansancio y de sus preguntas, el Señor se hace presente, les explica las Escrituras y les devuelve la luz. Así actúa también hoy con nosotros: no nos abandona en nuestros momentos de oscuridad, sino que sale a nuestro encuentro, nos habla al corazón en su Palabra y se nos da plenamente al partir el pan. Cuando dejamos que Cristo ilumine nuestra vida, lo que parecía fracaso puede convertirse en comienzo, y lo que era tristeza puede transformarse en alegría y misión. Emaús nos enseña que la fe renace cuando escuchamos al Señor, cuando lo reconocemos en la Eucaristía y cuando, sin demorarnos, salimos a anunciar a los demás que Jesús está vivo.

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