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domingo, 22 de mayo de 2022

Sacramento de la Unción de los Enfermos en la parroquia de Padrón

Como todos sabemos, los sacramentos son siete. Tres de iniciación: Bautismo (que es la puerta), Eucaristía (Dios nos alimenta con su Cuerpo y con su Sangre) y Confirmación (nos ofrece la plenitud de los dones del Espíritu Santo), dos de sanación: Penitencia (Dios nos reconcilia consigo mismo, dándonos su perdón) y Unción de los Enfermos; y otros dos de envío o de misión: Orden sacerdotal y Matrimonio (a través de los cuales Dios nos envía para ser testigos suyos en medio del mundo).

Tanto la Penitencia como la Unción de los Enfermos, nos sanan interiormente, nos devuelven la salud del alma y tantas veces también la salud del cuerpo.

Necesitamos que el Espíritu Santo nos fortalezca, necesitamos que el Espíritu nos devuelva todo aquello que la vida nos ha ido quitando con el paso de los años, necesitamos vivir la ancianidad y la enfermedad, no como una maldición, sino como una ocasión propicia que el Señor nos concede para experimentar su presencia en nuestras vidas y para saber que nunca nos deja solos.

Este sacramento ha de recibirse, a ser posible, con conciencia plena de lo que significa y por eso, con libertad, para ser conscientes de lo que estamos recibiendo, de lo que significa.

En este sacramento, Jesús nos coge de la mano, Jesús nos levanta, Jesús nos da su gracia, es decir, se nos da a sí mismo en el don del Espíritu Santo que es fortaleza en nuestra debilidad.

lunes, 3 de mayo de 2021

Sábado 8 de mayo: celebración comunitaria de la Unción de Enfermos en Padrón

La Unción de los Enfermos es el punto de encuentro en el que Dios, con su fuerza, viene en ayuda de los enfermos y los débiles.

No es correcto pensar que la Unción de enfermos es solo para los moribundos. El que esté cercano a la muerte debe confesar y recibir la Eucaristía como si fueran "provisiones para el camino". Así se llamaban a los alimentos o aperitivos que se llevaban para tomar mientras se realizaba un largo camino.

La Unción de enfermos también ayuda a sobrellevar la cercanía de la muerte. Jesús es el único que, no solo nos acompaña en el momento de la muerte, sino que también nos puede guiar a través de la muerte hacia la vida en el Cielo.

"Por esta Santa Unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad".

Los Evangelios nos cuentan que Jesús cuidó de una manera especial de los enfermos; sanó el cuerpo y el alma a muchísimas personas. Los enfermos también pueden sentir hoy en día el amor de Dios a través de la Unción de enfermos. En el sacerdote se encuentra realmente Jesús mismo, que se pone junto a la cama del enfermo.

La Unción de los Enfermos la puede recibir todo creyente -joven o anciano- que se encuentre en una situación crítica de salud. De ahí que se pueda recibir varias veces a lo largo de la vida.  También cualquier persona mayor de 75 años (a esta edad, es cuando se entiende que la salud comienza a mermar).

El próximo sábado, 8 de mayo, en la Misa de las 20:00 h, tendremos la celebración comunitaria de la Unción de los enfermos, respetando todas las medidas de limpieza y bioseguridad que dispone el protocolo para esta celebración.

Todas aquellas personas que deseen recibirlo, deberán contactar, previamente, con el párroco.

viernes, 20 de mayo de 2016

Gracias a Dios por el Aniversario Ordenación Sacerdoral

Hoy se cumplen 21 años de la ordenación sacerdotal de nuestro párroco. Fue el sábado 20 de mayo de 1995 a las 17:00 h en la Catedral de Santiago, de manos de D. Julián Barrio Barrio, recién llegado a Compostela. Damos gracias a Dios y le pedimos que le siga acompañando con su misericordia en este ministerio que le ha confiado.

 


miércoles, 17 de julio de 2013

Primeras Comuniones



 
Una Familia debe escoger las referencias que quiere ofrecer a su hijo para el resto de su vida; y en muchas ocasiones tendrá que optar entre múltiples ofertas que al niño le llegan por todas partes; Sin restar las que también considera necesarias, está llamada a primar lo que considera importante para su crecer y existir.
Optar por celebrar la Primera Comunión es optar por la VIDA de una COMUNIDAD, llamada Iglesia, que se puede concretar en infinidad de parroquias, repartidas por el mundo entero, pero con una misma propuesta de VIDA: el evangelio de CRISTO no es cosa de niños.
 
El próximo sábado, 20 de julio, en nuestra parroquia será un día de fiesta. Siete niños -Nadia, Sandra, Iria, Rafael Andrés, Alicia, Luis Miguel y Candela- recibirán su Primera Comunión.
 
Al comulgar, Jesús resucitado nos une a Él y nos da la fuerza del Espíritu Santo para vivir como hermanos de una misma familia. A partir de ahora: Nadia, Sandra, Iria, Rafael Andrés, Alicia, Luis Miguel y Candela, no sólo descubriréis que La Vida de una parroquia la creamos entre todos, sino que vosotros también podéis ayudar a que nuestra parroquia esté llena de VIDA. La Iglesia también necesita vuestra inquietud. La Iglesia la formamos todos. ¡Vosotros también!

 
 

martes, 30 de abril de 2013

Mañana Primeras Comuniones en la parroquia


En muchas de nuestras parroquias se celebran en estos días las Primeras Comuniones. En la nuestra, mañana día 1 de mayo. No sólo es un momento especial de gracia para los niños, sino también para sus familias y para las comunidades parroquiales. Todos los cristianos compartimos el gozo y la alegría de este día, sin embargo, en la celebración de la Primera Comunión vemos la necesidad de depurar algunas adherencias que pueden llegar a deformar la maravilla de este Sacramento. Permitidme algunas reflexiones:

1.- “Dejad que los niños se acerquen a mí…” (Mc 10, 14). Antes de otras consideraciones, lo primero es caer en la cuenta de que Jesucristo desea tener una relación personal con cada uno de los más pequeños. Tenemos el riesgo de despreciar la religiosidad infantil, pensando que los niños no tienen la “madurez” suficiente para discernir desde un espíritu crítico, sin dejarse arrastrar por las influencias de su entorno, y sin ser capaces de opciones definitivas de vida. Sin embargo, no es ése el pensamiento que refleja el Evangelio de Jesucristo: “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3) “Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: « Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él. » Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.” (Mc 10, 13-16).

Sin duda alguna, de la lectura del Evangelio se desprende que para la unión con Dios, la soberbia del adulto es un obstáculo mucho mayor que la inmadurez del niño. Dios es perfectamente capaz de transmitir su mensaje eterno en un lenguaje sencillo e infantil. Más aún, ¡gusta de hacerlo! y posiblemente le resulte mucho más impenetrable nuestro lenguaje “adulto”. Las Primeras Comuniones de nuestros niños nos recuerdan el ideal evangélico de hacernos como niños, con toda su sencillez y pureza, en el seguimiento de Cristo.

Se narra una anécdota protagonizada por un conocido filósofo inglés ilustrado, A. Collins, quien se encontró con un campesino que, a la hora del Ángelus, interrumpía su trabajo de labriego para recogerse en la oración mariana. Con tono provocativo, el ilustrado preguntó al labriego: “¿Cómo es tu Dios? ¿Grande o pequeño?”. El labriego, sin terminar de comprender la malicia que encerraba la pregunta, le respondió sencillamente: “Dios es tan grande que no cabe en la mente de un sabio como usted, y tan pequeño que es capaz de caber en un corazón tan pequeño como el mío”. Tras su conversión, Collins manifestó años más tarde que aquella reacción del campesino había ejercido sobre él más influencia que todos los debates sostenidos y libros leídos.

2.- “¡Ay de quien escandalizare a uno de estos pequeños...!” No olvidemos que en uno de los pasajes más duros pronunciados por Jesucristo en el Evangelio, se denuncia el grave pecado que supone que los adultos profanemos la inocencia de los niños. “Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar”.

No estamos hablando de casos aislados y puntuales, sino de una cultura que roba artificialmente al niño su inocencia, y que le impide disfrutar y enriquecerse de ella. No cabe duda de que éste es uno de los obstáculos mayores, para que la Primera Comunión pueda tener todo el fruto que Dios espera de ella. Nuestra cultura consumista lanza a los niños de forma continua y sugestiva, todo un cúmulo de “sensaciones fuertes” que focalizan su atención y entorpecen en gran manera su apertura natural a los valores espirituales.

3.- “Hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana”: Permitidme un consejo práctico e importante para cuidar la Primera Comunión de nuestros niños. Es un error que enfaticemos tanto el hecho de que sea la “primera” Comunión, y dejemos pasar desapercibida la “segunda” o la “tercera”…

A nuestros niños, más allá de la natural ilusión por lo novedoso, tenemos que transmitirles que es más importante la segunda Comunión que la primera, la tercera que la segunda, o la cuarta que la tercera; de forma similar a como es más importante que papá y mamá se sigan diciendo “hoy” que se quieren, diez años después de su boda; o que los amigos, tras años de amistad, sigan estando ahí…

Os sugiero que hablemos en profundidad con nuestros pequeños sobre cómo están preparando y viviendo esas Comuniones posteriores a su “Primera” Comunión.

4.- Los niños, signo de Dios: Es cierto que en pura lógica, somos los adultos los que tendríamos que ayudar a los pequeños a acercarse a la Eucaristía y a valorarla. Sin embargo, en los designios divinos -cada vez con más frecuencia- los niños son el camino del que Dios se está sirviendo para que muchos adultos puedan descubrir el don de la Eucaristía. Baste concluir con una anécdota sucedida en octubre de 2005, cuando el Papa tenía un encuentro con multitud de niños que recientemente habían recibido su Primera Comunión. Una pequeña le preguntó qué hacer si sus padres el domingo no van a Misa. A lo que el Papa le contestó sugiriéndole que les hablase con gran amor y respeto, diciéndoles: “Querido papá, querida mamá, ¿sabéis que hay algo muy importante para todos nosotros y también para vosotros? Encontrarnos con Jesús”.


domingo, 7 de octubre de 2012

LA CONFIRMACIÓN,
DON DEL ESPÍRITU SANTO

“Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”  (Hch 8, 17)
Por el sacramento de la Confirmación recibimos la plenitud de la gracia bautismal.
LOS SIGNOS DE LA CONFIRMACIÓN 
Los signos del sacramento de la confirmación son la imposición de manos y la unción con el Santo Crisma.
La unción con aceite se encuentra en la vida sacramental. La unción antes del bautismo, con el Óleo de los catecúmenos, significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos expresa curación y consuelo; la unción con el Santo Crisma después del bautismo, en la confirmación y en la ordenación sacerdotal, es signo de una consagración.
Por la Unción con el Crisma, la persona que es confirmada, recibe la “marca”, el “sello” del Espíritu Santo, que lo identifica como perteneciente a Cristo y lo lleva a participar más plenamente en su misión y en la plenitud del Espíritu Santo que Jesucristo posee. De este modo está consagrado para que a lo largo de su vida desprenda el “buen olor de Cristo”, como dice San Pablo en su Segunda Carta a los Corintios: “Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden” (2 Corintios 2, 15).
CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN 
IMPOSICIÓN DE LAS MANOS. El Obispo –o un delegado suyo-,  extiende las manos sobre todos los que van a ser confirmados, y ora pidiendo la efusión del Espíritu Santo. Este gesto de la Imposición de las manos proviene del tiempo de los Apóstoles, y significa precisamente la comunicación del don del Espíritu Santo.
El rito esencial del Sacramento de la Confirmación, es la UNCIÓN CON EL SANTO CRISMA. El Obispo, o su representante, realiza la unción en la frente, imponiendo la mano sobre la cabeza de quien es confirmado, mientras le dice: “N… Recibe por esta señal, el don del Espíritu Santo”.
El signo de la cruz que marcan en la frente del confirmando, con el Santo Crisma, es el sello indeleble distintivo del cristiano, que le recuerda que es testigo de Cristo.
CONCLUSIÓN 
Recibir el Sacramento de la Confirmación nos compromete de una manera muy especial, a difundir y a defender nuestra fe, es decir, a hacernos verdaderos testigos de Jesús con las palabras y con la vida. El Sacramento del Bautismo nos compromete a seguir a Jesús, a buscar ser como El, el Sacramento de la Confirmación va más allá, no sólo nos corresponde seguir a Jesús, sino también y muy especialmente, darlo a conocer a los demás, dar testimonio de El en el lugar en el que vivimos, a las personas que comparten con nosotros su vida, así como El dio testimonio del Padre.

Ayer, en la Misa de la tarde (20:00h), la parroquia de Padrón celebró el Sacramento de la Confirmación. Fueron quince jóvenes los que, por la imposición de manos y la unción con el santo Crisma del Vicario de Enseñanza y Catequesis de Santiago, don Luis Otero Outes, recibieron la plenitud el Espíritu Santo. Estas son algunas de las fotos de la celebración: