La tradición cuenta que, aun estando preso por causa de su fe, San Blas salvó milagrosamente a un niño que se ahogaba con una espina en la garganta. De este hecho nace la costumbre de invocar su intercesión para las enfermedades de la garganta y de recibir su bendición.
San Blas fue finalmente martirizado por no renunciar a Cristo. Su testimonio nos anima a vivir una fe coherente, valiente y compasiva, especialmente con quienes sufren.
En nuestra parroquia, celebraremos su fiesta el martes con la Misa de las 20:00 h de la tarde, pidiendo al Señor, por intercesión de San Blas, que nos conceda salud y confianza en su amor.
Que la vida de san Blas nos ayude a renovar nuestra fe y a vivirla con obras concretas de caridad.
San Blas, intercede por nosotros.

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